Por supuesto, lo que me llamó la atención fue el tigre y su maravilloso salto - recuerdos de Salgari y su Sandokan literario al que acompañé junto con Yañez a lo largo de toda su maravillosa historia - y siguiendo mi tendencia de trapero la recogí para descubrir que era una etiqueta que alguna vez llevó a una maleta a su destino en Bangalore, nombre que solo puedo comparar al de Antaviana como evocador de exotismos sin fin.
Lo siento por el que la perdió - o a lo mejor la tiró sin darle más importancia - pero lo que me enamora de la memoria de papel es, precisamente eso: lo efímero de su existencia.

